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Guayaquil: una ciudad con historia y proyección

Escrito por Uribe Schwarzkopf | 03 enero 2023

Para hablar del puerto principal del Ecuador es necesario revisar su historia de la mano de quienes la conocen desde adentro, su transición en el tiempo debido a las diversas circunstancias sociales y económicas que han influido en su desarrollo, y así entender su cotidianidad y proyección.

Guayaquil no solo es un puerto, es una ciudad de migrantes y abierta siempre a nuevos desafíos, lo que ha hecho de ésta, ser la portadora del membrete de la primera en muchos aspectos, y sin duda alguna, esto se refleja en el fundamental campo de su arquitectura y urbanismo.

El catedrático Florencio Compte Guerrero, vicerrector de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil, y quien fuera decano de la facultad de arquitectura de dicha casa de altos estudios, conversó con USpots para hacer un recorrido visual y verbal por los principales hitos que marcaron la personalidad de Guayaquil, y cómo su evolución ha llevado a lo que es hoy por hoy es una ciudad que crece, que rompe esquemas y que busca una planificación que permita mejorar la calidad de vida de toda su gente, “la planificación urbana está obligada a tener como eje central al ser humano”, señala el también investigador, Florencio Compte. 



Varios son los factores que condicionan la arquitectura de esta ciudad a lo largo del tiempo, es por eso que Compte habla de una periodización necesaria que marca un antes y un después en la arquitectura de Guayaquil. “La arquitectura es una expresión de una serie de factores que están condicionando a ese desarrollo arquitectónico: social, político, económico, cultural, tecnológico, y también, evidentemente los intercambios que se puedan dar entre las arquitecturas locales con el contexto mundial”.

La arquitectura de Guayaquil tiene grandes cambios hasta el siglo XIX, es ahí que surge un hecho histórico fundamental que nos permite entender a la ciudad y a su arquitectura: el gran incendio de 1896. “En octubre de ese año la ciudad se destruye. Un tercio de la ciudad se incendia, viviendas de gente, los principales edificios públicos y el aparato productivo de la ciudad. Es ahí cuando ésta tiene que replantear su trama urbana”. En 1902 hay un segundo incendio, el “incendio del Carmen que destruye otra parte de la ciudad y luego de éste se modifican las normativas urbanas y arquitectónicas. Se prohibió que los edificios públicos de determinado tamaño se construyan en madera y se obliga a que los planos de las obras, sean firmados por alguien responsable”.

Llega el boom cacaotero y esto convierte a Guayaquil en una ciudad rica y próspera a nivel nacional y regional, permitiendo importar procesos constructivos, técnicos europeos, arquitectos, ingenieros y escultores neoclásicos. Llega el hormigón armado (influencia de Francia, 1903), uso temprano en comparación al país y América Latina. De ahí surgen edificaciones importantes neoclásicas para la ciudad, como la Iglesia San José, Mercado del Sur (1905), el Palacio de la Gobernación (1925), Municipio (Francesco Maccaferri, 1929), Hospital General (lo que hoy es el Luis Vernaza, 1929) y luego, debido a la crisis económica del Ecuador, surge la arquitectura moderna en 1930 (lo neoclásico era caro), también temprana, comparada con otros países de la región, y que se reforzó con el surgimiento académico de este oficio.

“Los arquitectos se formaban en el exterior o en Quito, vinculado con la escuela de Bellas Artes, pero en Guayaquil  se fundó la primera escuela de arquitectura en 1930, y en 1938, Héctor Martínez Torres, se graduó formalmente como el primer arquitecto. 

En 1948 vemos el surgimiento de residencias neocoloniales influenciadas por la arquitectura californiana, como una interpretación de la arquitectura mediterránea, y surge a la par de la arquitectura moderna.

En 1950 el Ecuador recupera su estructura democrática y hay un auge económico por la exportación bananera, esta bonanza permite generar las primeras edificaciones de altura en Guayaquil, “modificando el perfil urbano del centro, la 9 de Octubre con construcciones de más de diez metros de altura y con gran influencia de la arquitectura internacional (moderna en el contexto local), como el Gran Pasaje”.

En los años ‘70, con el boom petrolero sigue creciendo la arquitectura en altura. En la década de los ‘90 y los 2000, con una fortaleza en la búsqueda de nuevas expresiones éticas y formales vinculadas a materiales tradicionales en nuestro contexto, como el bambú y la caña. Es la “búsqueda de incorporar a la arquitectura moderna, basada en el respeto de una cultura local”, señala el académico.

 

 

 

Un Guayaquil emblemático


En Guayaquil hay construcciones que son un reflejo de lo que ha sido su historia, un recorrido por sus calles nos transporta en el tiempo y así podemos encontrar en el barrio Las Peñas, edificaciones que reflejan la arquitectura tradicional, no colonial.

El Palacio Municipal es la obra más destacada de la ciudad, con su estilo neoclásico pero con elementos espaciales modernos. También está el Palacio de la Gobernación, el Hospital Luis Vernaza. Edificaciones creadas por arquitectos relevantes como Paolo Russo, quien sobre todo diseñó iglesias, como la de San Vicente, María Auxiliadora, Corazón de María, Corazón de Jesús. Mientras Francesco Maccaferri, diseña la fachada de la iglesia San José, el Museo del Cacao, el antiguo Gran Hotel, Hospital León Becerra, y otros más que nos narran su paso por el tiempo, mostrando la mejor cara de una ciudad que crece de manera rápida y ahora, cada vez más hacia arriba, revelando que habitar en comunidad es posible, que planificar con una visión barrial es importante, y que el tiempo y la sostenibilidad son los pasos que deben guiarnos para tener en nuestras manos una ciudad al servicio de sus habitantes, entregándoles calidad de vida para que sean felices.

Porque la arquitectura y el urbanismo es fundamental para transformar de manera responsable el estilo de vida de las personas, tomando en cuenta sus características en todos los aspectos: sociales, económicos, sociológicos y evolucionar conforme avanza el mundo, así lo demuestra Compte en un capítulo de su tesis ‘Del Hogar doméstico, a la casa moderna’, donde evidencia como la arquitectura transforma la vida de la gente y como la gente transforma también la arquitectura.

Por ejemplo, “en la época de Eloy Alfaro ya hubo cambios reflejados en la arquitectura, pues se incorpora la mujer en la vida laboral, donde se reducen ciertos espacios, considerando que la mujer tenía otras actividades y se reestructura de manera diferente”, dice Compte, quien es enfático al señalar que “la arquitectura sí modifica este tipo de condiciones, al igual que las normativas urbanas las van condicionando, pues la gente debe entender que hay maneras de habitar diferente. La arquitectura es imposible explicarla desde la arquitectura, a la arquitectura hay que explicarla a través de lo que sucede a su alrededor”.

 

 

 

 

“La planificación debe buscar un desarrollo integral de la ciudad” 


Guayaquil se proyecta al mundo en sus diversas expresiones, en cuanto a su urbanismo es vital que haya una planificación responsable donde se hable de un desarrollo integral. “Está bien el impulso de lo privado, pero éste no debe condicionar el desarrollo de la ciudad, debe haber políticas públicas de planificación y de un desarrollo y visión integral de la ciudad. Debe haber un desarrollo pero con respeto sin que afecte el valioso patrimonio arquitectónico de Guayaquil”, dice el catedrático.

La inequidad y la carencia de servicios básicos son el resultado de un crecimiento sin planificación, sin una visión de futuro, donde la calidad de vida debe romper con el sistema que hace que “lo inmediato de un paso al costado frente a lo fundamental”. El ciudadano es el eje central de la planificación, y ésta se debe dar “con una visión barrial con servicios cercanos.

 

 

Es clave mirar hacia la ‘Ciudad de 15 minutos’ o ‘Ciudades Cercanas’, “esto es recuperar el carácter barrial de la ciudad con servicios accesibles”, dice el arquitecto, quien presentó hace algún tiempo, un plan urbano muy bien armado, donde plantea la generación de sectores en la ciudad, 16 distritos para ser exactos, potenciando las centralidades y así cumplir con la máxima de poner al ser humano y su modo de vida, como eje principal de toda acción.

 

*Arquitecto Florencio Compte Guerrero
Doctorado en Diseño
Profesor de la UCSG -  área Historia
Investigador UCSG
Profesor Universidad Andina Simón Bolívar
Profesor Universidad Técnica de Ambato
Fue decano de la Facultad de Arquitectura de la UCSG.
Vicerrector de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil (UCSG).